domingo, 4 de mayo de 2008

Oruga

Estaba contigo cuando me dijiste que sentías que tu amor se comprimía en un punto, y lo sentías vibrar en tu interior; yo en ese momento lo sentí como halago pero no sabía lo que te deparaba. Al día siguiente me dijiste que sentías un embrión en la columna, yo negué los hechos pensando que habías dormido mal, y que lo dejaras pasar. Sin embargo a la semana ya era imposible negar que te estaba saliendo algo, y para mi sorpresa cuando te quitaste la camisa, se desplegaron unas alas de mariposa que con el paso de los días fueron creciendo, tomando brillo y serpenteando betas hermosas; a partir de entonces te nombré “farfalla” y era maravilloso ver como cuando estabas contenta las alas brillaban más. Este fue nuestro secreto por un tiempo (cuando todavía las podías ocultar ante los demás), sin embargo poco a poco tus alas fueron mutando y le empezaron a salir plumas, se fueron solidificando y empezaste a estar rodeada por un halo dorado. Te compré un arpa y a partir de entonces siempre vigilas mis sueños.

No hay comentarios: